El motivo de tanto empeño no fue otro que alimentar un sistema monetario puesto en marcha por Augusto, basado precisamente en el oro, y una moneda, el aureus, que impusieron como patrón en todo el Mediterráneo. A lo largo de los siglos I y II el oro simbolizó para los romanos poder y riqueza. Su exhibición era una manera de afirmar la hegemonía de un imperio que parecía imposible de derribar.
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UN SALUDO
