Dos ejemplos casi extremos son los de Gordiano I y Gordiano II, dos emperadores romanos que apenas gobernaron un mes -en plena crisis del siglo III, un periodo incluso más caótico que la caída de Roma en 476- pero que en esas pocas semanas tuvieron tiempo para acuñar monedas con su efigie. Y es que las monedas son “un elemento de propaganda”, de dejar claro quien tiene el poder, y más en épocas en las que, sin fotos ni tele, muchos habitantes solo ponían cara a su gobernante por las monedas.
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