Se llama Ercávica y no fue un simple asentamiento perdido en los confines del Imperio. Tuvo murallas, foro, basílica, comercios, grandes casas privadas, cisternas y edificios públicos. Alcanzó el rango de municipio y llegó a acuñar su propia moneda. Dos mil años después, sus restos vuelven a ganar protagonismo gracias a una inversión destinada a proteger uno de los yacimientos más sorprendentes —y todavía desconocidos para muchos— de Castilla-La Mancha.
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